Colillas y pipas dibujan el suelo español


Colillas y cáscaras de pipas en un parque madrileño

Colillas y cáscaras de pipas en un parque de Madrid

Siempre que miro al suelo cuando estoy sentada en un banco o paseando en cualquier parque de este país, ahí están: las dichosas cáscaras de pipas y las colillas. No fallan, por mucho que intento cerrar y abrir los ojos para encontrarme con un suelo más limpio, siempre aparecen. Me cuestiono si este escenario se debe a razones de tradición o falta de educación cívica.

La verdad es que cuando la gente tira una colilla al suelo no tiene en cuenta la toxicidad que supone al agua, a la fauna y a las plantas del entorno. Un filtro de cigarillo tiene 15.000 fibras de acetato de celulosa, pegamento y sales. Una sola colilla, si alcanza la red de alcantarillado, contamina unos ocho litros de agua y el acetato de celulosa de los filtros tarda al menos diez años en descomponerse. Por tanto, en contra de lo que piensen muchos, las colillas de cigarrillo no son biodegradables. Además, las colillas pueden terminar siendo ingeridas por niños pequeños o acabar en el estómago de un pez y reaparecer en nuestra cocina.

En cuanto a los montones de cáscaras de pipas desperdigadas por el suelo, suponen algo más que una ataque estético visual. Las cáscaras son biodegradables, sí, pero estoy convencida de que la sal que bañan las pipas terminarán siendo nocivas para el suelo y las plantas en dosis altas.

Cáscaras de pipas y colillas en el suelo

Cáscaras de pipas y colillas en el suelo

De hecho, si en muchos países está prohibido echar sal en las calles y en las carreteras porque el compuesto contamina los ríos y destruye los árboles de la zona, por qué no podría suceder en el caso de las pipas saladas, si comemos ingentes cantidades entre todos y tiramos las cáscaras en todos los rincones del parque o del bulevar.

La afición de comer pipas es un hábito muy español. También deberíamos empezar a adquirir una mentalidad más medioambiental a la hora de depositar los residuos y dejar de pensar que la calle no es de nadie o ¿acaso tenemos el suelo de casa lleno de colillas y cáscaras de pipas?

Enlace relacionado en inglés:  Toxicity of cigarette butts

14 pensamientos en “Colillas y pipas dibujan el suelo español

  1. Pues precisamente hace 3 días, mientras paseaba con mi pareja, pasamos junto a unos bloques de granito que hacen de asientos, y había un incívico, sentado y arqueado sobre sí mismo comiendo pipas. Digo incívico porque, al tiempo que devoraba sus pipas, parecía que su mirada flotaba sobre el cúmulo de basura que iba acumulando a sus pies.
    Yo me pregunté: ¿será que se ha puesto una meta?, o ¿será que está pintando un cuadro mental?. Tal era su abstracción por ensuciar de forma vehemente mi espacio, el espacio de tod@s, es decir, a pesar de que en su interior este sucio personaje estuviera creando la más absorbentes de las creaciones jamás inventadas, al igual que los graffiteros, este sucio personaje estaba claramente sobrepasando los límites de la vida en sociedad, tan básico como el respeto del entorno, y del mobiliario público.
    En esta ocasión, no estaba agrediendo al medio ambiente, lo que estaba era agrediendo a toda la ciudadanía sembrando sin control su suciedad, precisamente a sus pies, estaba provocando un gasto público, y sobre todo, estaba como he dicho anteriormente haciendo un uso equivocado del espacio público, ya que la basura se tira donde se debe.

    En mi opinión, esta es una actitud de falta de respeto y de educación, es ignorar las normas básicas de la vida en sociedad, y creo que, al igual que se multa y se persigue a los dueños de perros, por razones obvias, entiendo que en España, las autoridades son muy permisivas con este tipo de delitos.

  2. La “falta de educación” es un sinónimo de ignorancia, insuficiencia o incapacidad.
    Este caso refleja la mentalidad española, a medias entre la inocencia y la ingenuidad, o sea que nos falta empatía social (tú qué miras?) y no queremos tomar conciencia (qué pasa?) de las consecuencias de nuestros actos. Y todo esto con un puntito de mala leche (yoooo?).
    Por otro lado, los que nos sentimos ofendidos por estos hechos, seguimos siendo incapaces de transmitir de una forma respetuosa a los demás que sus actos nos afectan (gentuza!).
    Se trata de una falta de evolución intelectual y social, nos queda un poco todavía, pero estamos en ello.

  3. Lo de las pipas tiene su miga, pero ¿qué me decís de los que escupen el chicle como si estuvieran en una competición de quién sabe que? Luego llegan otros, ya sean animales de dos o cuatro patas, y se lo llevan puesto, y sino pues le toca al barrendero de turno luchar con su paletilla para intentar despegarlos.
    También están las gentes adorables y encantadoras que comparten con todos nosotros sus carraspeos angelicales previos a la salida del gargajo/pollo/lapo/gapo/escupitajo moquero.

  4. Marga, no estoy de acuerdo con lo que comentas al final de tu intervención.
    En mi opinión, el ciudadano de a pie sólo tiene la obligación de educar predicando con el ejemplo y no con la palabra. Entiendo que estos individuos sin conciencia social, que no viven al margen de la sociedad, no viven aislados, no viven sin que les roce la educación aunque sólo sea por imitación. El español, el madrileño, no es inocente, es sucio, no tienen conciencia social tiene mala leche, es egocéntrico y carece totalmente de empatía social, y además, se cree que su entorno es suyo, y lo trata como le da la gana, y el que venga detrás que arree. Creo que ésta es su filosofía.
    Y cuando digo que no tenemos la obligación, es precisamente porque el madrileño es tan presuntuoso, machito, engreído, inculto y prepotente que intentar dialogar y hacerle ver un punto de vista más social y respetuoso, es entrar en discusión y pelea. Y la verdad, personalmente mi energía la prefiero invertir en otras actividades de más provecho.
    La concienciación debiera practicarla el gobierno a través de campañas, la educación, en casa y en el colegio.
    Creo que aquí, todo falla.

  5. Efectivamente, todo falla, nos hemos convertido en personas permisivas, vemos el mal pero no decimos nada. Estamos acostumbrados a ver continuamente hechos como el de las pipas, el fumador que tira la colilla al suelo, al que le ponen una multa y no la paga, el que falsea sus datos para que le den a su hijo una plaza en el colegio que quiere, al que le conceden una vivienda pública sin merecerla, el que atropella conduciendo borracho y no recibe una condena justa, el político que no tiene ningún castigo por su fraude, mala gestión, etc…
    Son tantas las cosas que ocurren y “nunca pasa nada”. Pero lo que más rabia me da es el hecho de que las personas que no cometen ninguna de estas fechorías al final parecen los gilipollas de turno que desaprovechan la ocasión de beneficiarse de esta sociedad sin control.

  6. Pues sí que lo había pensado alguna vez, eso de tener las calles sucias no depende de cuanta gente pasee (o coma o fume) por ellas… sino de la educación cívica…. Lo que más me llamó la atención de Tokio es que en las calles no se ve ni una colilla (literal)… y hay muchos muchos japoneses andando por las calles de Tokio….

  7. Los españoles somos unos guarros, y mucho me temo que las nuevas generaciones no van a mejorar, por lo que yo veo por la calle. Cuando viajas a otros paises de nuestro entorno, nos damos cuenta de lo que es tener calles limpias, pero aquí es imposible: por un lado, como he dicho, los españoles somos unos guarros y tiramos todo al suelo sin el menor reparo. Por otro lado, es verdad, que hay muchos empleados de la limpieza por la calle, pero yo creo que son poco efectivos. Estos pasan recogiendo los restos que se encuentran, pero solamente los más visibles y los que llaman más la atención, pero el resto ahí lo dejan.
    Este asunto no se solucionará nada más que con educación desde los colegios, y aunque creo que se insiste en ello, los niños observan a los padres que hacen todo lo contarrio de lo que a ellos les enseñan. Insisto los españoles somos unos guarros.
    Por último, la Consejería de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, sólo se preocupa de mantener limpio el centro de la ciudad, lo demás se lo trae al fresco. Si la Sra. Botella viviera en el barrio donde vivo yo, seguramente yo no pensaría igual porque vería las calles mucho más limpias, pero como no es así, tengo que decirlo. Insisto, los españoles somos unos guarros, y el Ayuntamiento de Madrid no presta atención a este tema. Así que todos culpables, ¿y responsables?.

    • Tienes toda la razón del mundo. Ejemplo claro: en la víspera de la Fiesta de San Isidro limpian la pradera y el barrio para inaugurar la fiesta y para que el político de turno lo vea todo decente. Acaba la fiesta y lo único que limpian son los plásticos del parque, el resto: vidrios, aceites, colillas, fluidos humanos se quedan hasta que se los lleve la lluvia.

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