Hasta ahora el césped artificial se había ofrecido como una opción que permitía un ahorro en el consumo de agua y que ofrecía un mantenimiento sencillo. Sin embargo, se ha descubierto que los microplásticos que derivan de ese tipo de hierba artificial terminan en aguas fluviales y llegan al mar en grandes cantidades.
Un estudio del Grupo de Investigación Consolidado en Ciencias Marinas de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona (UB), que tomó 417 muestras de la desembocadura del Guadalquivir y de las aguas superficiales de la costa catalana, encontró que el 15 % de los microplásticos recogidos proceden de césped artificial.
Grave impacto ambiental
Estas fibras de plástico producen graves consecuencias en el medio acuático porque los animales las ingieren y terminan en sus intestinos, limitan su crecimiento y su reproducción, lo que supone un nuevo varapalo a biodiversidad acuática.
Según los resultados del estudio, de las 217 muestras que se tomaron en el mar, un 62 % contenían fibras de césped que están compuestas de polietileno y polipropileno principalmente. Y de las 200 muestras que se sacaron de la desembocadura del Guadalquivir, un 37 % tenían restos de césped artificial. En números absolutos, las concentraciones superaron 200 000 fibras de césped por km2 en las superficie del mar y 20 000 en el río.
Colaboradores del proyecto
En este proyecto de ciencia ciudadana, los voluntarios realizaron el muestreo enganchando una red a las tablas de paddle surf y a otras embarcaciones parecidas.
El estudio forma parte de los proyectos TRACE, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la UE, Surfing for Science y por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).
Fuente: Residuos profesional

