La tala de árboles y la nueva mascletà puestas en marcha en una zona definida como «importante» por su biodiversidad aviar y de otras especies en Madrid Río constituyen los últimos ejemplos de una España de pandereta, donde la hipocresía de los que tienen el poder decisorio de proteger las zonas verdes no ven más allá del dios dinero.
¿Por qué esa necesidad de convertirlo en un campo de traca y ahuyentar los pájaros que abandonen sus nidos en tiempo de cría y sacrificarlos? ¿Por qué es beneficioso esos minutos de ruido atronador y para quién?



