Eliminar microplásticos, un desafío en fase embrionaria


La empresa británica de investigación independiente IDTechEx Research ha publicado recientemente un informe que analiza en qué punto nos encontramos frente a uno de los grandes retos medioambientales de nuestro tiempo: la eliminación de los microplásticos en la industria y en las estaciones de tratamiento de aguas residuales.
El estudio repasa el panorama actual de normativas emergentes, identifica los principales focos de contaminación y examina las tecnologías que buscan frenar el impacto de estas diminutas partículas.
 Sin embargo, su eficacia real dependerá de algo más que de los avances técnicos: será necesario un compromiso político sostenido, cooperación internacional y una inversión decidida.

Tres caminos tecnológicos para combatir los microplásticos
Según el informe, las estrategias se dividen en tres grandes procesos: físico, químico y biológico.

  1. Proceso físico
    Consiste en separar las partículas mediante filtros o membranas textiles (PCMs), un método habitual en el tratamiento de aguas residuales.
 También se están desarrollando sistemas basados en nanopartículas magnéticas, como el que impulsa la empresa española Captoplastic. Aunque prometedor, este enfoque aún se enfrenta a desafíos, como la recuperación completa de las partículas y la evaluación de su impacto ambiental.
  2. Proceso químico
    Incluye técnicas como la adsorción, la coagulación, la oxidación o la agregación, que buscan atrapar o descomponer los microplásticos mediante reacciones químicas controladas.
  3. Proceso biológico
    Emplea microorganismos y enzimas capaces de degradar el plástico, un terreno todavía en fase experimental que despierta gran interés por su potencial para ofrecer soluciones sostenibles a largo plazo.

¿Qué son los microplásticos?
Son partículas plásticas diminutas e irregulares, muchas veces invisibles a simple vista.
 Los más comunes son los pellets, pequeñas bolitas que miden entre 2 y 5 milímetros (o menos) y que representan cerca del 80 % de la materia prima de la industria plástica.
 Su pérdida accidental durante la fabricación y transporte es una de las principales fuentes de contaminación marina y terrestre.

Un reto compartido
La lucha contra los microplásticos es además de tecnológica, cultural y política.
 Mientras las investigaciones avanzan, la reducción en origen, el consumo responsable y el diseño de materiales más sostenibles siguen siendo claves para frenar este tipo de contaminación antes de que llegue al agua o al suelo.

Fuentes:
Microplastics Removal Technologies: Are We There Yet?

Tecnologías de eliminación de microplásticos: ¿Dónde estamos?

Los microplásticos de césped artificial contaminan las aguas


Hasta ahora el césped artificial se había ofrecido como una opción que permitía un ahorro en el consumo de agua y que ofrecía un mantenimiento sencillo. Sin embargo, se ha descubierto que los microplásticos que derivan de ese tipo de hierba artificial terminan en aguas fluviales y llegan al mar en grandes cantidades.

Un estudio del Grupo de Investigación Consolidado en Ciencias Marinas de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona (UB), que tomó 417 muestras de la desembocadura del Guadalquivir y de las aguas superficiales de la costa catalana, encontró que el 15 % de los microplásticos recogidos proceden de césped artificial.

Grave impacto ambiental

Estas fibras de plástico producen graves consecuencias en el medio acuático porque los animales las ingieren y terminan en sus intestinos, limitan su crecimiento y su reproducción, lo que supone un nuevo varapalo a biodiversidad acuática.

Según los resultados del estudio, de las 217 muestras que se tomaron en el mar, un 62 % contenían fibras de césped que están compuestas de polietileno y polipropileno principalmente. Y de las 200 muestras que se sacaron de la desembocadura del Guadalquivir, un 37 % tenían restos de césped artificial. En números absolutos, las concentraciones superaron 200 000 fibras de césped por km2 en las superficie del mar y 20 000 en el río.

Colaboradores del proyecto

En este proyecto de ciencia ciudadana, los voluntarios realizaron el muestreo enganchando una red a las tablas de paddle surf y a otras embarcaciones parecidas.

El estudio forma parte de los proyectos TRACE, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la UE, Surfing for Science y por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

Fuente: Residuos profesional